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Baloncesto
2010-03-09 11:56:12
Algo tan sencillo como una zona 1-2-2 más o menos abierta fue el detonante casi exclusivo de que los Knicks dejasen de ser una banda y ganasen a uno de los grandes del Este, los Atlanta Hawks. Sergio, que volvió a ser titular, fue mejor de lo que dicen sus números. El tinerfeño sumó nueve puntos, cuatro asistencias y nada menos que seis pérdidas, pero la sensación de que es el base más consistente de la plantilla de los Knicks sigue ahí. Mientras estuvo en cancha, el equipo funcionó mejor, y cuando D'Antoni lo quitó (definitivamente no confía en el español para los finales de partido) sus sustitutos demostraron que tampoco están para muchas fiestas.
Sergio, sin Tracy McGrady (vestido, pero no jugó: tiene dolores y D'Antoni parece que va a recortarle el protagonismo) supo llevar el ritmo del partido, aunque las pérdidas de balón lastraron su actuación. Hasta seis balones perdidos (incluidos dos tapones recibidos y una falta de ataque) que, en un equipo tan desquiciantemente rápido como los Knicks, son más ruido que nueces: Sergio estuvo mal en ese aspecto, pero en cualquier otro equipo hubiera sido el lastre del equipo, y en éste fue el base que mejor supo llevar a sus compañeros. Paradojas del 'run and gun'.
Un primer cuarto que avisaba
El primer cuarto de los Knicks, en el que acabó con 27-27, configuraba los mejores minutos de juego del equipo en los últimos tiempos. Con cierto orden dentro del caos, sólo la contundencia interior de los Atlanta Hawks (cada ataque se construía a partir de un balón al poste bajo) igualaba las cosas.
Sergio coleccionaba malos números, pero mejores sensaciones. En la primera mitad jugó la mayoría del tiempo a pesar de llevar 1/5 en tiros, tres pérdidas y haber recibido dos tapones. El canario aportaba orden a un juego que lo necesita.